martes, 12 de julio de 2016

Queridas personas gordas

Ser gordo, qué problema más grave (peor aun si eres mujer). “Pero es que la salud es lo más importante bla bla bla”. Curioso que un tema que en el 99% de los casos es estético se trate bajo el gran amparo de la salud y la medicina. Mucho nutricionista suelto pero muy pocos títulos de nutrición veo en esta sociedad tan inculta y a la vez tan “leída”. “Pero los estudios científicos que salen en esos telediarios tan transparentes y buenos dicen que la obesidad es la enfermedad del siglo XXI”, vaya, ¡qué fácil es sentarte a escribir noticias en la redacción de un medio de comunicación diciendo siempre “jo, es que esto está muy mal, hay que denunciar estos casos”. ¿Nos limitamos solo a denunciar lo que pasa o mejor buscamos los problemas y las soluciones? No sé, yo prefiero evitar que mueran más mujeres asesinadas por la violencia de género a simplemente decir lo mal que está que un marido mate a su mujer e hijos. Puede que la obesidad vaya cada vez más en aumento, pero también puede que muchos de esos casos se den por falta de tiempo a la hora de cocinar por jornadas de trabajo abusivamente extensas, por desconocimiento total de una nutrición sana (cosa que no se enseña en otro sitio que no sea tu casa, si acaso)... etc.

Eso desde el tema de la salud (¡oh grandiosa salud, qué bien nos vienes cuando nos interesa!), ¿pero y la estética? ¿No será más bien que en esta sociedad basada en las apariencias y en el culto al cuerpo es algo repugnante ver a alguien con una silueta “fea”? Ojalá todas esas personas que critican (siempre desde la salud, claro está) la obesidad sientan el acoso social que se vive cuando te “sobran kilos”. Primero ese acoso empieza por los mass media: revistas, programas de televisión, youtube... No hay más que ver el último anuncio de “El Corte Inglés”. ¿De verdad la gente cree que ver a esas muchachas con claros indicios de trastornos alimenticios es mucho más bonito y alegre que ver a alguien gordo en la playa? Vaya, entonces la escuela de modelos más antigua de Europa se creó en Polonia y se llamaba Auschwitz. Después, llega el entorno más cercano: amigos que te dan consejos siempre desde el cariño y porque les importas (a veces incluso parejas, que este es uno de los casos más graves), familiares, compañeros de trabajo o escuela... El que una persona empiece a sentir asco por su propio cuerpo no empieza en su mente, sino que la mayoría de las veces es un reflejo provocado por el rechazo de los demás. Notar que no gustas a la gente, que todos te miran, que si vas a una playa o piscina vas a sentirte juzgado/a, que tu misma pareja no te desee físicamente.

Estoy harto de tener que aguantar vídeos como el de un puñetero “influencer” (como así los llaman ahora) titulado precisamente “Queridas personas gordas” en el que tiene la cara de creerse con el poder suficiente como para usar su canal de 1 millón de suscriptores como un arma juzgadora de aquellos que están gordos (siempre desde la salud, claro está). Tú, que has hecho vídeos admitiendo que no eres capaz de dejar el pésimo hábito del tabaco u otros en los que has dicho haber probado otras drogas peores e incluso haber defendido la legalización de la marihuana, ¿te hablo yo de lo que es salud? ¿Hace falta recordarte que el tabaco es uno de los factores de riesgo más importantes para los ataques al corazón o que la marihuana mata de manera irreversible neuronas (aunque no parece que te queden ya muchas)?.


Nunca he estado gordo, pero con el tiempo (no siempre he sido así) he adquirido la capacidad de la empatía con los demás, algo que escasea mucho en la actualidad. Hoy está permitido tomar el sol sin crema solar alguna para lucir un precioso moreno (¿alguien dijo cáncer de piel?), beber alcohol todos los fines de semana como esponjas (¿alguien dijo cirrosis?) o fumar cualquier cosa, pero, por favor, no seas gordo, no nos hagas esto a los demás que tenemos que soportar mirarte. ¿Queréis saber cual es la enfermedad del siglo XXI? Yo os lo diré: la ignorancia, una epidemia que no para de propagarse.


jueves, 14 de abril de 2016

14 de abril

La gente que no coincide con las ideas políticas de un joven siempre suele repetir el famoso mantra de “solo puedes hablar de lo que has oído en tu casa”. Curioso, en mi casa no supe de la existencia de la República hasta que yo no tuve el suficiente uso de razón como para preguntar por lo que era. Nunca me ocultaron información, pero tampoco me influyeron en nada. De niño no ves la importancia de los acontecimientos políticos de tu país, pero como yo siempre fui, en palabras de algún que otro profesor, un niño muy “movido” (aunque yo prefiero autodenominarme como un hiperactivo curioso y preguntón) en mi cabeza más de una vez me rondó una gran pregunta: ¿Por qué el rey es rey?

Y es que esta pregunta tan simple que cualquier chiquillo con algo de uso de razón puede formular es la base para destruir cualquier forma de monarquía. El rey es rey porque tuvo un padre que fue rey y porque el apellido que suele seguir a su nombre dicta que es de “sangre real”. Ah, y porque no solo su sangre es real, sino también lo son sus células sexuales, ya que tiene el don de transmitir esa realeza a toda su descendencia. ¡Qué envidia! Ya quisieran muchos tener ese gran don de fertilidad. En definitiva, el rey es rey porque sí, porque siempre ha sido así.

Y en este punto muchos defensores de la valerosa monarquía me dirán: “Pero Pablo, nuestro antiguo rey, Juan Carlos I, devolvió la democracia a este país maltrecho y malherido por años y años de dictadura”. Cierto, amigo monárquico, pero no debemos olvidar tampoco que ese pequeño hombrecito real llegó otra vez al trono español por imposición de cierto gordo bajito que se encargó de reprimir duramente la libertad de los españoles durante 40 años. Ah, vaya, si era a esa dictadura a la que te referías. Es cierto, contribuyó a devolver la democracia, pero gracias a esa educación tan laica que he recibido (sin crucifijos encima de las pizarras o fotos de feos personajes a colocadas a los lados) he podido desarrollar una grandiosa memoria histórica. Esa memoria que me recuerda que el abuelo de Juan Carlos, Alfonso XIII, apoyó otra dictadura fascista dirigida por Primo de Rivera, también recuerdo el lento desarrollo de la industria durante el siglo XIX por culpa en gran parte de la monarquía, la intrusión de la Iglesia Católica en la mayor parte de las actividades políticas del país, la agricultura latifundista e improductiva dirigida por los “grandes de España”, el abuso de aquellas colonias que perdimos en un pequeño gran desastre del 98… Por mencionar algunas de las cosas más destacables.

Una época de ilusión, de desarrollo de la cultura, el arte separadas de las viejas tradiciones y religiones que frenaban (y que más tarde frenaron) la verdadera esencia del español. Puede ser que en parte haya mitificado a la República, pero yo solo sé lo que he leído y estudiado. Sé que antes de haber refugiados sirios hubo refugiados españoles, que no fueron perseguidos por el bando republicano. Sé que los mejores pensadores y artistas de una de las épocas más florecientes de la cultura española tuvieron que exiliarse, aunque algunos ni siquiera tuvieron esa suerte, ¿verdad Federico? Otros decidieron cambiar los naranjos y la hierbabuena por una fosa común, la guitarra por un fusil y la arena por balas. 

Cuando yo me muera,
enterradme con mi guitarra
bajo la arena.

Cuando yo me muera,
entre los naranjos
y la hierbabuena.

Cuando yo me muera, 
enterradme si queréis
en una veleta.

¡Cuando yo me muera!


Una cosa sí que puedo afirmar con seguridad, el 14 de abril de 1931 la gente salió a las calles al grito de “¡Viva la República!", pero el 19 de mayo de 1939 lo único que desfilaba por la capital eran los alientos helados de una población sin esperanza. Ah, y también muchas botas de militares pretendiendo dar una esperpéntica imagen de grandeza, se me olvidaba.

Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.

Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios.
una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.

 
Antonio Machado, Campos de Castilla.

miércoles, 27 de enero de 2016

Viento sur

Silencio en las calles. Oscuridad en las aceras. Los semáforos cambian al azar mientras contemplan nuestra vida en la noche. Detrás de cada paseo aún sigo buscando los motivos que me llevaron a caer otra vez en el error de mirarte de la manera en que lo hago cuando atacas sin piedad mis puntos débiles. Será por tus mejillas encendidas, o quizás será por esa melena entrometida que no me deja huir de tu lado, pero ya tienes el poder de insistirme sin ni siquiera intentarlo.

Tú me prometiste lluvia, yo te prometí esperanza. Por desgracia los dos cumplimos nuestra palabra igual de mal. Somos conscientes de que ninguna flor dura dos primaveras, pero intentemos usar el amor hasta llevarlo a los límites de su quebradiza existencia. Tumbados en una cama deshecha o deshaciendo kilómetros desde una cama, cualquier excusa es buena para cerrar los ojos y seguir haciendo que todo fluya. Dejémonos llevar, es lo único que nos queda por hacer.

Aquel mes de abril que pereció pasto de llamas provocadas, vuelve ahora con más fuerza que nunca repitiéndome aquello de “lo bueno y breve…”. Pero nunca será breve, porque aunque muera, siempre estará en nuestros recuerdos con la misma intensidad que aquel octubre donde nació. Nuestras locuras momentáneas, nuestras expresiones sin sentido que sin embargo están cargadas de él o las simples curvas de tu pensamiento son ya la dosis de un adicto que clama al cielo para que no seas solo un lugar en su memoria.


Puede que me esté equivocando, quizá la distancia no sea un pilar sólido para atar nuestros sentimientos, pero la verdad es que si tengo que equivocarme de alguna forma, que sea contigo. Y que sea así.