miércoles, 27 de enero de 2016

Viento sur

Silencio en las calles. Oscuridad en las aceras. Los semáforos cambian al azar mientras contemplan nuestra vida en la noche. Detrás de cada paseo aún sigo buscando los motivos que me llevaron a caer otra vez en el error de mirarte de la manera en que lo hago cuando atacas sin piedad mis puntos débiles. Será por tus mejillas encendidas, o quizás será por esa melena entrometida que no me deja huir de tu lado, pero ya tienes el poder de insistirme sin ni siquiera intentarlo.

Tú me prometiste lluvia, yo te prometí esperanza. Por desgracia los dos cumplimos nuestra palabra igual de mal. Somos conscientes de que ninguna flor dura dos primaveras, pero intentemos usar el amor hasta llevarlo a los límites de su quebradiza existencia. Tumbados en una cama deshecha o deshaciendo kilómetros desde una cama, cualquier excusa es buena para cerrar los ojos y seguir haciendo que todo fluya. Dejémonos llevar, es lo único que nos queda por hacer.

Aquel mes de abril que pereció pasto de llamas provocadas, vuelve ahora con más fuerza que nunca repitiéndome aquello de “lo bueno y breve…”. Pero nunca será breve, porque aunque muera, siempre estará en nuestros recuerdos con la misma intensidad que aquel octubre donde nació. Nuestras locuras momentáneas, nuestras expresiones sin sentido que sin embargo están cargadas de él o las simples curvas de tu pensamiento son ya la dosis de un adicto que clama al cielo para que no seas solo un lugar en su memoria.


Puede que me esté equivocando, quizá la distancia no sea un pilar sólido para atar nuestros sentimientos, pero la verdad es que si tengo que equivocarme de alguna forma, que sea contigo. Y que sea así. 

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