sábado, 31 de mayo de 2014

A todos aquellos que juzgan mi manera de escribir:

Hay veces en las que no podemos escribir, pero sin embargo tenemos la necesidad imperiosa de hacerlo. Las palabras fluyen, siempre lo hacen, pero hay veces que se ríen de ti mientras pasan lentamente por tu cabeza. Parece que lo único que quieren es dejarte claro que no vas a poder ser capaz de transmitir su belleza, por más que lo intentes. 
Para escribir sólo se necesita una chimenea y un buen puro. No fumo, y tampoco tengo chimenea, pero creo que lo único que tiene que haber en la habitación de un escritor es humo. Humo que le impida ver las simplezas que le rodean, usar el arte como evasión de la realidad, que nada tenga sentido: "El arte por el arte de un Góngora pegado a un Quevedo criticado por una nariz casada con un Lope de Vega que en realidad era homosexual. Un señor llamado Espronceda que vivía en el centro de Madrid trabajando como oficinista, cuñado de un drogadicto misógino llamado Bécquer, a su vez enamorado de un estoico llamado Benito Pérez Galdós, descendiente de una tal Santa Teresa de Jesús que vivía viviendo en ella porque tan alta vida no esperaba que moría porque no vivía. Mientras tanto San Juan de la Cruz escribía su "Anticristo" y una tal Emilia Pardo Bazán escribía su obra de mayor éxito: "Cien años de soledad". Cuando Rosa Montero saltó a la fama con su "Cásate y sé sumisa", Carmen Martín Gaite ya había publicado su tercer libro sobre decoración de interiores: "El cuarto de atrás y la buhardilla de arriba". Aunque, sin duda alguna, la obra por excelencia de las letras españolas es "El fabuloso manco Miguel de Cervantes" escrita por el hidalgo Alonso Quijano."

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