martes, 20 de octubre de 2015

Ítaca

Un día más, disfruto cada uno de los segundos en los que el frío metal de la cuchilla acaricia todo el contorno de mi rostro. Rápida y silenciosa, me deja un leve rastro de sangre en mi cuello; un corte preciso e indoloro que no pasará desapercibido a la lástima de alguna mujer atenta.

Cada segundo que pasa siento menos fuerza para cargar mi maleta, llena de enseres inútiles que solo lastrarán algo que no quiero que ocurra pero tampoco querré que se revierta en un futuro. Amigo caminante, ya se terminó eso de hacer camino al andar. Todos los pasos atraviesan y atravesarán tu memoria como hierros incandescentes, dejando cicatrices que te perseguirán durante el resto del viaje.

¿Por qué no llorar amargamente sobre la fugacidad de la vida? En la ineptitud de la pregunta se halla la respuesta, ya que hay algo mucho más triste que ser consciente de que todo perecerá: darte cuenta de que tu estancia también lo hará. Distintas etapas en una misma vida, cada una más pretenciosa que la anterior y que siempre se intentan imponer sobre estas, haciendo todo lo posible por borrarlas. Siempre creí que Ulises vivía viajando durante el día y moría entre sollozos al anochecer. Nadie ha nacido para no tener un hogar.


Ya no hay fechas con significados, ni siquiera lugares que alberguen buenos momentos, simplemente un corazón acomodado en dos ciudades, que ahora serán tres, clavadas como puñales. Poco a poco terminaré de construir mi bóveda de cristal, que deformará y me cubrirá de los halos de luz matinal. 

viernes, 17 de julio de 2015

Deriva



  
Nunca te llegué a conocer, pero te soñé durante años. Con tus gritos sordos siempre llamas a la puerta del frenesí helado al que llamamos juventud. Solo sé desplazarme lentamente, con manos balbuceantes y una mirada no muy segura del fuego que parece albergar en su retina. Tu poder reunido en una sola forma, la mejor versión de una curva trazada por caminos sinuosos que inevitablemente terminan en espadas susurrantes.

Ni siquiera me diste tiempo de dibujar un mapa, pero tú vas a hacer que consiga la brújula. Aún sigo sin entender cómo puede alguien dejar de anhelar tener tropiezos en todas y cada una de las imperfecciones de tu ser, suplicando piedad a unos oídos que solo desean placer. Déjame volar, porque el amor no puede basarse en esta unión que tanto me esclaviza y me posee. No son sonrisas de satisfacción lo que te concedo, sino peticiones desesperadas de pactos de no agresión.

Vil enemigo es tu perfume, lluvia de verano aderezada con esencia de libro de buhardilla, con el que pierdo el sentido de cualquier sentido, para entregarme a lo que sea que me aguarde. Pudiendo ser mujer, pudiendo ser un hombre, eres más, eres todo y eres nada, vives en mí pero apareces cuando no puedo reaccionar. Con recortes de viejas revistas mejoré cada ápice de tu existencia, y ahora con orgullo puedo afirmar que me has vencido.

El Sol quema mi torso desnudo, ¿por qué me dejas ahora? Te levantas y te vistes con tu abrigo negro que te cubre hasta las piernas. ¿Por qué abres la puerta? En la calle solo corre el viento, que se comporta como el gato de las hojas caídas. Sé que no llevas zapatos solo para sentir el frío en tus pies y reafirmar que aún eres lo que un día decidimos que dejarías de ser. No huyas, porque en realidad no te veré más. Sí, esta vez puedo estar seguro de que aunque tú te vayas, soy yo el que está escapando. La sonata de estío ya no volverá a sonar en aquella vieja viola que solías tocar con virtuosa habilidad. 

martes, 23 de junio de 2015

Réquiem por una noche de verano

"Los sueños sueños son", es lo único que me repito mientras corro en la continuidad de los parques que habitan en mi infancia. La vida se cuela sigilosa entre mis párpados entornados, casi sin advertir que yo aún no estoy preparado para su presencia. A pesar de todo, no he llegado a comprender cómo he sabido deslizarme de manera tan hábil por la extensa ladera de esta montaña sin nieve, repleta de piedras. Todos los olores que antes me recordaban al poniente que habita en mi alma, ahora tienen que alejarme de él, como si mis propias manos tuvieran que enterrarlo en esa fina arena. 

Esta noche amarga el aroma del anacarado jazmín envuelve mis sentidos, siempre tratando de evadirme de ese pedernal al que llamamos realidad. Nado entre sus hojas, susurro antiguos poemas sin destinatario a sus flores, pero lo único que consigo es más dolor en la caída. Esa persona que sigue todos mis pasos desde que comencé a darlos, que en la inmensidad de su ser, es transformado en lo más oscuro de mí o en el nadador más cínico de la superficie del estanque. Sabiendo lo que sé de ti, sabiendo lo que sabes de mí, jamás me darás la libertad que tanto te grito en mis pesadillas silenciosas. Yo moriré contigo, ambos moriremos conmigo. 

Vuelve a encenderse la pantalla del ordenador, parece que esta va a ser la última vez que deslumbre al jazmín para que su fulgor blanco cree un halo de falsa certidumbre. Violines y violas culminan ahora en su punto más álgido, como queriendo romper sus cuerdas en señal de desasosiego hacia lo que podría estar sucediendo. No quiero mirar, pero la sal cobijada en mi piel me infunde esa falsa valentía que siempre he poseído. Que bonito sería vivir en la sagacidad de esta noche que nos acontece, siempre en el desconocimiento y en la belleza de que creer puede ser no caer. Esto, sin ser nada, se convierte en todo. Mi vida, siéndolo todo, ha dejado de ser nada. 





miércoles, 6 de mayo de 2015

The Blue Umbrella

Mapas. Mapas describían hasta la última curva de tu cuerpo. Con nuestros brazos entrelazados en un candado, tú evitas que me pierda, yo te rescato de ti misma. Sin embargo, siempre me terminas abandonando y huyes con Morfeo, mientras yo me hundo en mi realidad desde los oscuros límites de la almohada.

Cartografío cada uno de los pensamientos en la estoicidad de tu mente, pero de nada sirve. Y es entonces cuando una sombra invade el plenilunio de la taza de té frío. ¿Por qué? ¿Por qué vuelvo a ser condenado a no entender el surrealismo de esta mecánica espacial?

Contigo. Contigo fue con quien aprendí que es necesario vivir a contracorriente: nacimos en la muerte de las hojas, morimos en el despertar de las abejas. Aun así, nadie nunca fue capaz de detener ese criminal que te condena segundo a segundo. Nosotros no fuimos la excepción, cariño.

En medio de esta cruzada nocturna, mis manos solo saben pedir asilo en la piel de tu espalda. Mi cabeza, traidora y cruel aliada, recita con amargura unos versos de Salinas:

*
Sí, por detrás de las gentes
te busco.
No en tu nombre, si lo dicen,
no en tu imagen, si la pintan.
Detrás, detrás, más allá.

Por detrás de ti te busco.
No en tu espejo, no en tu letra,
ni en tu alma.
Detrás, más allá.

*
Yo no puedo darte más.
No soy más de lo que soy.


Cuanta más belleza descubro en tu rostro, más efímera te encuentro. Pero, como decía Serrat, “No hay nada más bello que lo que nunca he tenido, nada más amado que lo que perdí”. Sin embargo, siempre me vuelves a prometer con esa sonrisa despreocupada que en este día tormentoso, solo el azul y el rojo sobresaldrán entre la gris y mundana rutina. Miénteme otra vez, por favor.